ESENCIAL
Exile in Guyville, Liz Phair

Exile in Guyville
Liz Phair
1993, Matador.
Género: rock, lo-fi
Todo acerca de Exile in Guyville tiene la grandeza de una leyenda. Es un ejemplar único en la historia cochina y desordenada del rock.
Comenzando por el título, una respuesta pendenciera al disco clásico de los Rolling Stones, Exile in Mainstreet, pueden vislumbrarse los huevos, los gigantescos ovarios con que fue presentado al mundo. Aunque no sea una respuesta canción por canción a los Stones como la propia Liz Phair promovía en ese entonces, Exile es realmente un disco contestatario, un parteaguas entre el rock viejo y el nuevo. A pesar de sus composiciónes tradicionales, la estructura básica de guitarra, bajo y batería, aquí nada es anticuado. El sonido es fresco, desenfadado, o tal vez demasiado enfadado como para parecer lo contrario.
Liz Phair, una pequeñísima jovencita adoptada de los suburbios de Chicago, influenciada claramente por Bob Dylan y Joni Mitchell, decidía mandar a todos al demonio, tachando a la industria musical de mafia machista, anacrónica, vetusta y decadente. No sólo denunciaba a los dinosaurios dormidos en sus laureles, sino también arremetía contra su propia generación: la sucia escena grunge de Seattle, la sicodelia somnífera de los Smashing Pumpkins, la bravuconería sin sentido de los Chili Peppers.
Clave en este deslinde del resto de la industria fue la producción de Brad Wood, el Butch Vig del indie rock. Éste prestó un sonido muy particular a las composiciones: el uso de la guitarra como un instrumento percusivo, el feedback a la Peter Buck, las armonías en capas múltiples de la sensual voz de Phair hacen del disco una joya de la baja fidelidad y justamente así deben sonar mentadas de madre como éstas.
Liz Phair nunca superaría las canciones incluídas en Exile, desde el jangle rock de Help Me Mary, el blues crudo de Mezmerizing o el sonido espacial de Stratford On Guy, pero nada rockea más fuerte que la sexualidad de Phair impregnada por todo el disco. Desde la portada, donde Liz aparece semidesnuda en una pose que recuerda a la Madonna de Munch, hay un aire de seducción que hipnotiza, prende. El mejor momento del disco es, sin duda, la pegajosa Fuck and Run, con su maravillosa letra de precocidad adolescente:
Its fuck and run, fuck and run,
Even when I was seventeen.
Fuck and run, fuck and run,
even when I was twelve.
Y el momento más 'famoso' del disco, la infame Flower:
Every time I see your face
I think of things unpure, unchaste
I want to fuck you like a dog
I'll take you home and make you like it...
...You act like you're fourteen years old
Everything you say is so
Obnoxious, funny, true and mean
I want to be your blow job queen.
Pero el verdadero tesoro está lejos de esta agresión verbal obviamente sarcástica. La médula y esencia de Exile in Guyville está en los momentos dulces, femeninos, del disco:
I want a boyfriend
I want a boyfriend
I want all that stupid old shit:
letters and sodas.
Fuck and Run;
And when I asked for a separate room
It was late at night
And we'd been driving since noon
But if I'd known
How that would sound to you
I would have stayed in your bed
For the rest of my life
Just to prove I was right
That it's harder to be friends than lovers
And you shouldn't try to mix the two
Cause if you do it and you're still unhappy
Then you know that the problem is you
And it's true that I stole your lighter
And it's also true that I lost the map
But when you said that I wasn't worth talking to
I had to take your word on that
But if you'd known
How that would sound to me
You would have taken it back
And boxed it up and buried it in the ground
Burned it up and thrown it away
Divorce Song.
De haber hecho una lectura más cuidadosa, menos hormonal de estas letras en ese entonces, hubiera podido predecir que el sueño de Liz Phair era lo que el movimiento de las Riot Grrrls despreciaban: la atención merecida de una pareja, la compañía paralela y no vertical con un hombre. Años después, Liz Phair perdería su filo al tener un hijo, evento que para muchas rockeras de esa época (Tori Amos, Tanya Donnelly, Kristin Hersh) ha tenido las mismas consecuencias. Al contrario de sus contemporáneas Bikini Kill, L7 y Sleater Kinney, Liz Phair cantaba historias de amor para todos y ahí reside su universalidad, su concreción como artista y no solamente chica furiosa.
Exile in Guyville es uno de los puntos definitivos del rock. Las interpretaciones de cada canción, la leyenda de Liz grabando sus Girly Tapes, el inicio de todo un movimiento femenino a sus espaldas, lo hacen un disco clásico donde autora, momento y público crearon un vacío para que la simple belleza de estas canciones se conservara para siempre como un primer amor: intachable, imborrable, inmejorable.