abril 03, 2007

RESEÑA
Cuarteto Arditti, XXII Festival de la Ciudad de México, Palacio de Bellas Artes, 31 marzo, 2007

La vulgaridad
La belleza, por momentos, fue interrumpida por la ignorancia y la insensibilidad de cierta gentuza que no tiene la menor educación para saber escuchar música, (en serio, ¿se necesita mucha inteligencia para leer el programa de mano y saber que si la pieza que dura 26 minutos se interrumpe por cualquier cosa a escasos cinco minutos de haber iniciado(en este caso por el cambio de una cuerda del violonchelo de Lucas Fels en plena ejecución del Grido de Helmut Lachenmann) no es necesario aplaudir? (a pesar del gesto de Irvine Arditti para que detener los aplausos) Fue una vulgaridad el cuarteto de cuerdas número 4 de Giacinto Scelsi con DOS interrupciones de alarma de celular de unos pelmazos que no pudieron guardar el mínimo respeto por un recinto y por el artista.

La Tormenta
La música fluyó en otro tiempo; la respiración tuvo otro hálito; la música tuvo otras coordenadas; Cristina y yo estuvimos a escasos dos metros del escenario y pudimos ser testigos de una ejecución musical crítica, sabia, sagaz con el temperamento que obliga la música con autoridad perentoria. Estar frente al cuarteto de cuerdas Arditti es ser testigo de la historia musical de la última parte del siglo XX. Es tratar de valorar el glosario que ha cambiado/asimilado las conversiones estéticas musicales heredadas del romanticismo. Mahler fue el último romántico y el primer músico moderno que sacudió el indivudalismo extremo, tal vez ha sido el impasse más tormentoso que ha dado la música en occidente: es el marco musical más pasional que ha ocurrido recientemente...
Ese es el espíritu que acompaña al Cuarteto Arditti cuya obra cumbre no puede distinguirse todavía por la constante búsqueda de nuevos caminos, de las nuevas tendencias. Sin embargo, puede destacarse su evaluación crítica de la obra de Ligeti, ¿cuántos pueden darse el lujo de haber trabajado con un visionario musical? Un cuarteto como el Kronos Quartet es un ejemplo de ejecución impecable, pero nada más (su obra cumbre, creo yo, ha sido su interpretación de todos los cuartetos de cuerda de Alfred Schnittke) Pero el Kronos Quartet no ha aportado nada al mundo de la música, nada refrescante. Incluso, un cuarteto como el Balanescu Quartet es más notorio por su osadía en inventar a los clásicos y la manera de acercarse al rock (ahí están los jugueteos con Kraftwerk y Spiritualized). Pero Arditti es la suma de un camino complejo y abundante que se nutre del silencio de John Cage, toda la teoría estética de Stravinsky/Schoenberg (pasando por la de Adorno), por la perspicacia del sonido atonal y dodecafónico. Todo eso y mucho más fue la presencia somera de Arditti en Bellas Artes. Una hermosa historia de las ideas musicales del siglo XX.

El cuarteto de cuerdas Arditti ejecutó obras que demuestran que la transgresión no ocurre, ni ocurrirá en la actitud, sino en las ideas. Una primera parte pulcrísima donde se destacó el sereno Cuarteto de cuerdas número 3 de Giacinto Scelsi que nos hace recordar los antecedentes necesarios de la obra de Witold Lutoslawski. Pero la obra que deslumbró definitivamente fue Tetractis del mexicano Manuel Rocha Iturbide: un cuarteto de cuerdas y sonidos electrónicos que durante 15 minutos invadió con delicada precisión el torrencial significado delirante de los números. Una obra atiborrada de significados siempre en fuga y que recobran el poder del número como una entidad pitagórica/ aristótelica tomada de la Fisica; ímpetus electrónicos que deslumbraron/acompañaron una ejecucion sobrenatural de cuarteto Arditti. Los samples rodearon el recinto para recordar que la música tiene otros horizontes más allá de un cd o un acetato o el escenario mismo.
Grido para cuarteto de cuerdas de Helmut Lachenmann tuvo su estreno en México después de las 7 de la noche. Unas de las piezas esenciales de la música contemporánea estuvo a nuestros pies. Un ataque violento a las cuerdas que nos acercaron a los horizontes vislumbrados por Béla Bártok, pero con un sonido atiborrado de TODOS los rincones del violín, viola y violonchelo: destellos de una musicalidad arraigada en la desmesura de una brújula que sólo encuentra camino en la posteridad. Disonancias/destellos/equilibrios sonoros que han cambiado la historia. Arditti dio un ejemplo de cómo algunas veces la emoción y una analítica imparcial pueden ofrecer una nueva escritura de salvación.

7 Comments:

Blogger tu.politóloga.favorita said...

Ese escenario es el que tiene un telón de vidrio con un vitral?
Un concierto ahí debe ser indescriptible.
saludos!

6:22 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Interesante la nota que publicas, pero te hace falta mencionar la obra que abrio el concierto, autoria del joven compositor mexicano Rodrigo Valdez, titulada Clementine on the line, la cual fue seleccionada por el Arditti Quartet de entre 80 partituras que presentaron a su consideracion varios compositores mexicanos. Por supuesto, criticos serios como Juan Arturo Brennan, han realizado una buena reseña del evento. Sera acaso que usted no llego a tiempo al concierto, y por ende no sabe de lo que estoy hablando...

11:07 a.m.  
Blogger e. said...

Ah, el comentario Anónimo siempre me pone de buenas, son tan lindos ellos.

11:15 a.m.  
Blogger Evelio said...

Estimado anónimo (no hay nada más enigmático en la red que dirigirse a una persona sin nombre): mea culpa absoluta. Cuando se anunció la interpretación fuera de programa de la obra de Rodrigo Valdéz (quien se encontraba a escasos cinco asientos de mi lado) yo estaba leyendo el programa de mano. Mea culpa porque no le presté atención a tan valiosa información. Pero tampoco quise escribir una semblanza del recital de forma vaga. Es curioso, el artículo de Juan Arturo Brennan, sin duda un crítico musical de una inteligencia soberbia, salió en la Jornada de hoy (7 abril, 2007) y no menciona nada sobre el encore del Cuarteto Arditti ¿A él también le dirás, por esa omisión, que su artículo es interesante y, por ende, le reclamarás por haberse salido antes de terminar el concierto? Hablar de carencias es sumamente fácil y de verdad agradezco tu tiempo al leer mi artículo, pero si en lugar de inteligencia en la discusión hay un sarcasmo plano que pretende ser iluminador, pues creo que andamos perdidos.

5:31 p.m.  
Blogger Ernesto said...

Lo mejor es que el anónimo seguramente es el compositor mismo, o un(a) amig@ de él, que, googleando desesperadamente una reseña del evento que le mencionara, se topó con una que lo omitía.

Por supuesto, la falacia lógica es clara: como lo mencionó a él, ergo Brennan (crítico institucional donde los haya) es un buen crítico. Como tú no lo hiciste, Evelio, eres un pelmazo.

A veces me da tanto gusto estar tan lejos, caray.

Abrazos a los amigos.

11:19 a.m.  
Anonymous Rodrigo Valdez said...

Que agradable es navegar en Internet “Googlear”, y encontrar que se ocupan de uno.
Saludos a Evelio, Ernesto y Anónimo. (Quien seguramente, sí es algún conocido)
Por cierto, Anónimo, ¿Quien te dio esa información? Lamentablemente, es falsa.
La selección de la obra, obedece a mi participación en el taller de escritura contemporánea para cuarteto de cuerdas organizado por RADAR.
Este es mi e-mail, por si desean contactarme: ro_valdez@yahoo.com.mx

1:15 a.m.  
Blogger Ernesto said...

Qué bueno que Rodrigo se topó con este blog. Y qué bueno que el Arditti tocó su pieza. La pregunta que queda es por qué se omitió la indicación del programa de mano.. quizá tan sólo un error, pero uno sin duda desafortunado, sobre todo porque no documenta un acontecimiento importante para un compositor mexicano.

Un saludo.

2:40 p.m.  

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